Lisandro Alvarado

(El Tocuyo, 1858-Valencia, Venezuela, 1931) Polígrafo venezolano.

Médico de profesión y positivista de formación, recorrió su país recogiendo datos de la más diversa índole. Dentro de su vasta obra, destacan Historia de la revolución federal en Venezuela (1909), Glosario de voces indígenas de Venezuela (1929) y Datos etnográficos de Venezuela (1945).

Médico, naturalista, historiador, etnólogo y lingüista. Hijo de Rafael Alvarado y Gracia Benigna Marchena. Nacido en vísperas de la Guerra Federal, recibe de niño la primera y más decisiva influencia de su vida: el contacto con los clásicos y el conocimiento del latín en el colegio La Concordia de El Tocuyo, regentado por Egidio Montesinos. Pasa luego a Trujillo para concluir el bachillerato (1871).

La falta de recursos económicos lo obliga a suspender sus estudios para trabajar como dependiente de una farmacia en Barquisimeto.

Sin embargo, en 1878 se traslada a Caracas para cursar estudios de medicina. Vive intensamente esa peculiar en la historia política y cultural de Venezuela: ciclo de los gobiernos guzmancistas y contacto con la ebullición doctrinal que supone la enseñanza del positivismo alentado por los maestros Adolfo Ernst y Rafael Villavicencio; lógicamente, el autor pasa de la fe religiosa hogareña a las nuevas ideas que posteriormente superará; su contacto con esta filosofía y con los saberes universitarios forma la perspectiva dentro de la cual cumplirá sus investigaciones en el campo de la etnografía, la historia, el lenguaje, así como su interés por varias culturas antiguas y modernas.

De la misma manera, Alvarado entra en relación con César Zumeta, Luis López Méndez y José Rafael Revenga, dando a conocer sus primeros trabajos en 1882.

Pero igualmente la época guzmancista es en Venezuela escenario de otras transformaciones: sobre las más jóvenes generaciones ejerce un magisterio moral e intelectual el sabio, erudito y neoclásico Cecilio Acosta. A través de Acosta, Alvarado se conecta con el poeta cubano José Martí, cuando éste pasa por Caracas en 1881.

Una vez doctorado en medicina, Lisandro Alvarado se radica en Ospino (Edo. Portuguesa) e inicia la vida itinerante que ha rodeado de leyendas a su figura; movido por su ansia de conocimientos, recorrió a lomo de burro, en canoa y a pie casi todo el territorio nacional, lo que le permitió entrar en contacto directo con la realidad venezolana: los paisajes, la vegetación, la fauna, las costumbres y tradiciones populares, la manera de hablar de las gentes, incluyendo los numerosos pueblos indígenas que conoció y cuya lengua estudió de primera mano.

En su deambular siempre tomaba cuidadosamente nota de cuanto observaba y le llamaba la atención, lo que constituiría la materia prima de sus obras.

Era notable su conocimiento de idiomas, tanto europeos modernos como clásicos e indígenas. Después de viajar a Europa como cónsul y como delegado médico, en 1891 vuelve a la provincia e inicia la publicación de un conjunto de trabajos de investigación.

Para esta época redacta los estudios sobre las Neurosis de hombres célebres de Venezuela (1893) y Sobre las guerras civiles del país (1894).

Simultáneamente, su larga presencia en la provincia y su permanente relación con la literatura va dando campo a unas Ideas sobre la evolución del español en Venezuela (1903), primero de una serie lexicográfica, única en la Venezuela de su tiempo, que cristalizará mucho más tarde en su Glosario de voces indígenas de Venezuela (1921), Alteraciones fonéticas del español en Venezuela (1922, reelaborada en 1929) y finalmente su Glosario del bajo español en Venezuela (1929).

En 1920, regresó a Caracas y entró a trabajar en la Dirección de Política Comercial del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Individuo de número de las Academias de Medicina (1905), de la Lengua (1922) y de la Historia (1923), realizó la versión española del tratado de Rerum Natura de Lucrecio e inició la traducción del Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente de Alejandro de Humboldt.

Sus Obras completas en 8 volúmenes comenzaron a ser publicadas en 1958; sin embargo, queda todavía una colección inédita de sus manuscritos en custodia de la Academia Nacional de la Historia. Fue masón en grado 30. Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 14 de mayo de 1980.