Concisión en la comunicación escrita

Es el rasgo que más acredita a una redacción, se ha de buscar un estilo apretado, denso, en que no sobre ni falte una sola palabra, dice Azorín.

Esta cualidad busca producir “influencias positivas” en el ánimo del destinatario, para que concentre su atención en el contenido del escrito.

Está basada en la atracción y es condición de la curiosidad – deseo de saber, participación activa en la búsqueda de los “porqués”-, importante elemento en muchas formas de las relaciones humanas. Para interesar, es preciso cruzar el límite de lo rutinario, impersonal o abstracto: hay que buscar motivos de acercamiento, tocar incentivos, causar impresiones satisfactorias.

Un modo de hacerlo -básico en la conversación es referirse a lo que interesa al otro, no a uno mismo, y utilizar la forma más apta para ello. Así, el escrito “habla” al yo del lector como a él le conviene, y penetra en la zona donde nace su interés.

Resulta efectivo por la vivacidad de las formas empleadas, elegidas según el principio de la eficiencia expresiva: nada de frases muertas, inválidas o engañosas; sólo deben aceptarse las que sirven con integridad para que se establezca una válida comunicación entre quien escribe y quien capta lo escrito.

Síntesis

El arte de un escrito es que permanece y las palabras vuelan, por ello a la hora de elaborarlo es preciso tomar en cuenta la claridad, donde empezamos a ordenar y clasificar nuestras ideas para darles una coherencia entre sus elementos.

También es prioritario asumir una actitud critica y autocrítica pero al mismo tiempo dinámica y creativa en su elaboración, para no motivar a dudas y equívocos del mensaje. Por ello se debe realizar de una forma precisa y concisa destacando lo más esencial del asunto.

Fuente: Apunte de Comunicación escrita de la U de Londres

Publicado en Comunicación escrita

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