El perfil actual de la mexicana que trabaja

La situación de la mujer en nuestro país, es igual que en otras culturas: difiere de la del hombre.

En México, la mujer vive una situación asimétrica y desigual respecto al hombre de generaciones atrás, aunque últimamente muestra un deseo de cambio y liberación, todavía débil, desarticulado y sólo en algunos sectores.

Tradicionalmente se le ha inculcado a la mujer que su papel principal en la vida es ser madre. Más que compañera o esposa, debe ser buena madre, lo que significa tener hijos, amarlos, alimentarlos, cuidar de su salud, preocuparse por ellos y hacerles la vida fácil.

Así pasa toda su vida trabajando para ellos o para los hijos de sus hijos, porque de lo contrario pierde su razón de ser y de vivir.

Parte de la actitud dependiente de muchos mexicanos se debe a la exageración de los cuidados y atenciones de la madre hacia los hijos; quien guiada por el afán de prodigarles afecto y ternura, les impide desarrollar sus propias capacidades, pues al no permitirles separarse por completo de ella no les permite aprender a valerse por sí mismos.

El doctor Santiago Ramírez, psicoanalista mexicano, decía al respecto que la mujer mexicana es la madre perfecta, pero sólo durante el primer año de vida del niño.

A pesar de que en nuestra sociedad se han registrado cambios en la concepción de la mujer, aún se sigue considerando que su papel está en el hogar y en la familia.

Una encuesta realizada por Enrique Alducín Abitia concluye que existe un ligero cambio en el concepto de la mujer como compañera del hombre y
como igual de éste, en especial en los niveles medio y superior tanto de escolaridad como de ingreso, pero se le sigue juzgando como centro de la familia.

En los niveles más bajos de escolaridad e ingresos, todavía se le ve como la responsable del cuidado familiar, además se sigue considerando, en estos niveles, que está hecha para el hogar y para tener hijos.

Al parecer su destino y ámbito de acción en todos los casos es el mismo. Existen diferencias importantes en la participación empresarial de la mujer en un lapso de 50 años.

En 1930, 60.5 por ciento de los hombres y sólo 2.8 por ciento de las mujeres pertenecían a la población económicamente activa. Pues bien, en 1980, 76 por ciento de los hombres y 23 por ciento de las mujeres participaban de modo directo en la economía. Esto representa un incremento en la participación de la mujer en más de ocho veces en dicho periodo.

Asimismo, se ha incrementado su nivel de escolaridad y la sociedad en general tiene una actitud más abierta y flexible respecto al papel de la mujer: se añade el atributo de inteligente como deseable en ella, pero aún se requiere que, en primer lugar, sea limpia, hogareña, femenina, trabajadora, honesta y sencilla, al igual que discreta, dulce, hermosa, atenta, casta y abnegada.

Dentro de este contexto, la mujer mexicana actual enfrenta cambios drásticos en su entorno, que repercuten en su vida de una manera u otra. Ahora la mujer se encuentra con mayores oportunidades de estudiar, trabajar y tener una vida social más activa que en años atrás.

Su madre, incansable, veló por ella y tal vez lo sigue haciendo, pero ella disfruta más la vida, tiene menos hijos y se siente útil no sólo para ser madre sino también para participar activamente en el desarrollo científico, comercial e industrial del país.

Esta dualidad de oportunidades, por un lado, y de los valores que tradicionalmente se le atribuyen, por el otro, crea en la mujer mexicana sentimientos de culpa.

Si se dedica exclusivamente el hogar, se siente frustrada e inútil; si trabaja y es madre, siente culpa por descuidar a sus hijos y a su hogar. El cambio aún no ha sido asimilado completamente ni por el hombre ni por la mujer.

La situación se agrava cuando ella se ve obligada a dejar a sus hijos al cuidado ajeno por tener que trabajar, ya sea porque fue abandonada, está divorciada o porque su esposo no puede aportar lo suficiente para el sostenimiento del hogar.

Todas estas circunstancias hacen que la mujer esté mucho más preocupada por su familia que por su trabajo, pero también mucho más necesitada de reconocimiento, estímulo y comprensión hacia su doble papel de madre y trabajadora.

Por otra parte, la educación que recibe desde pequeña refuerza su papel de servidora, ya que se le asignan responsabilidades de ayuda y cuidado de otros. Tal vez por ello se ha destacado en labores de servicio, como enfermera, maestra, secretaria.

Su actitud en general es la de asumir sus labores con mayor responsabilidad y dedicación, pero también requiere de más afecto y apoyo. De por sí es más propensa a reacciones emotivas y a juicios subjetivos, además y de manera inevitable se encuentra ligada a la maternidad.

Fuente: Apuntes de la materia Psicología del trabajo de la facultad de contaduría y administración, UNAM

Publicado en Psicología del trabajo

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