Los cuatro modelos de Teoria de la personalidad

De acuerdo a la naturaleza y uso de las teorías de la personalidad, se han agrupado cuatro modelos:

1. El modelo psicodinámico subraya la motivación inconsciente como el principal factor determinante en la vida humana. Los portavoces de esta posición son Freud, Jung y Murray.

2. El modelo del ego social puntualiza el papel predominante del medio social y cultural en el desarrollo de la personalidad y especialmente en el desarrollo del ego, al cual también se le asigna una fuerza controladora importante en la personalidad.

Los representantes de esta escuela son Erikson, Adler y Horney.

3. El modelo humanístico existencial se concentra en los atributos y problemas asociados con la condición de ser humano.

Las teorías de Allport, Rogers, Maslow y Fromm se presentan como prototipos de este modelo.

4. El modelo conductual resalta la objetividad en la definición, observación y medición de las variables.

– Los conductistas radicales –por ejemplo, Watson y Skinner- se centran en los determinantes de la conducta y rechazan las variables de la personalidad.

– Los conductistas cognoscitivos –Bandura, Rotter, Ellis y Mischel– aceptan variables mediadoras, haciendo hincapié específicamente en la cognición.

Las teorías de la personalidad son interpretaciones personales de nuestra naturaleza psicológica individual y no hay principios ni leyes establecidos de la conducta.

Una  teoría de la personalidad puede considerar una “representación conceptual” de la personalidad.

Como cualquier otra representación, una teoría de la personalidad debe captar la esencia de lo que representa. Si lo hace, deberíamos ser capaces de aprender lo que es personalidad al conocer la teoría que la representa.

Debe haber una correspondencia entre los elementos de la representación (teoría) y los determinantes reales de nuestra naturaleza. Pero así como una pintura comunica el punto de vista de un pintor, la representación de algo tan complejo como la personalidad no es únicamente una copia exacta.

Un teórico de la personalidad nos da un retrato, una representación conceptual de su invención y expresa su interpretación de la personalidad. Otro teórico que describe el mismo asunto puede alterar la perspectiva.

Pero si la representación es demasiado unilateral o distorsionada de alguna forma, disminuye su utilidad como herramienta científica.

Algunos creen que el énfasis de Freud en la sexualidad como una fuerza motivacional en la personalidad es un ejemplo de representar de manera distorsionada al ser humano.

Una teoría no sólo establece lo que es sobresaliente en la personalidad, desde el punto de vista de un experto, sino también evita búsquedas alternativas infructuosas a quien la ocupa. Le impide cometer errores y perder tiempo y esfuerzo.

Las teorías representan tipos de gente. Es decir, cada modelo refleja no sólo la personalidad del teórico que lo propuso, sino también a la gente que tiene semejanza con él.

Deben ser capaces de seleccionar una teoría de la personalidad que se adapte a nosotros –una que describa, explique y prediga mejor nuestra conducta que las demás.

Se utiliza la teoría para ayudarnos a identificar explícitamente los objetivos de satisfacción, de madurez, de autorrealización, o de cualquiera que el teórico designe como la personalidad ideal.

Muchas de las teorías de la personalidad (pero no todas) proponen una cantidad de tipos de personas. Por lo general, hay diversos tipos anormales y al menos uno considerado normal o incluso ideal para los seres humanos.

Por supuesto que los tipos reflejan las tendencias de los teóricos, y encontramos grandes diferencias en lo considerado anormal e ideal.

Fuente: Apuntes de la materia Psicología del trabajo de la facultad de contaduría y administración, UNAM

Publicado en Psicología del trabajo

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