Los rasgos culturales del mexicano actual

Todos los que dedican sus vidas a desentrañar y comprender la mente y el comportamiento humano, tarde o temprano quedan fascinados por su aparente enorme complicación.

Esta aparente enorme complicación permite que el novelista construya tramas a lo infinito, que el poeta versifique miradas de emoción, sentimientos, inclinaciones, apetitos y pensamientos, y que los seres humanos se sientan aturdidos ante tanta complejidad.

A nadie le cabe la menor duda de que el potencial de pensamientos y comportamientos humanos es infinito.

Un objetivo de la psicología, particularmente de la psicología de la persona, ha sido el de buscar establecer un orden, intentar clasificar los pensamientos y las acciones, establecer las maneras más constantes de este pensar y de los comportamientos, determinar las relaciones entre unos y otros.

Diferenciar entre las causas y los efectos, el de distinguir entre aquellas formas de pensar y de comportarse que ayudan al individuo a satisfacer mejor sus necesidades, a vivir mejor y las que no.

A distinguir las maneras de conducirse y de pensar que le permitirán alcanzar sus objetivos, de aquellas que no lo harán; a diferenciar entre comportamientos que lo satisfacen pero interfieren en la satisfacción de otros.

Destacar aquellos comportamientos que no sólo lo satisfacen a él sino que ayudan a los demás. La confusión, el desorden y el trastorno suceden particularmente si el individuo y la sociedad actúan sin limitaciones.

Obedeciendo exclusivamente a los impulsos o a la necesidad de los momentos, sin tener jamás en consideración las consecuencias, en mediano o largo plazo, de los comportamientos impulsivos o de las decisiones que satisfarán inmediatamente necesidades individuales o sociales.

En el transcurso de su historia natural la humanidad ha descubierto que al actuar sin limitaciones primeramente para satisfacer las necesidades inmediatas, resulta catastrófico.

Es así como nace lo que los científicos sociales llaman la cultura. En ella poco a poco se van conformando una serie de prescripciones, un conjunto en realidad de limitaciones de la manera de pensar y particularmente de comportarse, que permite que el individuo sobreviva físicamente y mentalmente, pero, en especial, que el grupo, la tribu, la sociedad, sobrevivan.

Con el paso de tiempo algunas de las prescripciones se convierten en religión, otras en gobierno y otras más en tradiciones populares.

Para que estas prescripciones, mandatos, órdenes, reglamentos, normas y leyes sean acatadas por encima de las satisfacciones inmediatas de los impulsos, los deseos y las necesidades individuales y las de grupo, se tenía que desarrollar un sistema de castigo y de recompensa.

En la religión, esto está fundamentalmente representado por el cielo y el infierno, en el gobierno, en donde la única recompensa por observar las leyes es evitar las sanciones civiles y penales, no existe la esperanza de una recompensa tan profunda como la religiosa (la felicidad eterna).

Respecto de las tradiciones populares, la recompensa es la aprobación de los miembros de la sociedad y el castigo, su reconvención, su repudio, su reproche.

Religión, gobierno, tradiciones populares todos estos aspectos de la cultura han ido evolucionando de manera natural a través de la historia, pero la humanidad presente, como la humanidad de los tiempos de los griegos, con frecuencia no tienen otras maneras institucionales de enfrentarse a la complicada conducta de los individuos, de los grupos y de las sociedades.

Por eso, a partir de creencias, preceptos y leyes buscan, a través de recompensas sanciones y castigos, dirigir y mejorar los diversos comportamientos para ampliar la calidad de vida individual y de la convivencia humana.

Sólo recientemente y aún de manera vacilante, empiezan a intervenir, sin institucionalizarse, los conocidos psicólogos para la educación de los hijos en el hogar y en la escuela.

Para mejorar la comunicación social; para ayudar a prevenir la enfermedad y, desde hace un tiempo, para mejorar la salud.

Y no se les impulsa a pesar de que diversos conocimientos psicológicos, incluidos en el proceso de la educación desde la primaria, podrían mejorar significativamente, el comportamiento individual, el de los grupos y el social.

La cultura se compone del conjunto de valores, normas, hábitos que prevalecen en un país o grupo social. A título de ejemplo, algunos rasgos de la cultura estadounidense incluyen el localismo y el etnocentrismo.

El primero corresponde a una visión reducida del mundo consistente en la incapacidad para reconocer que otros pueden tener formas diferentes de vivir y trabajar.

El segundo, se refiere a la creencia de que los valores y usos culturales de uno son superiores a los de los demás.

Otros estudios los caracterizan como informales, directos, competitivos, realizadores, independientes e individualistas, inquisitivos, les disgusta el silencio, aprecian la puntualidad y la limpieza.

A efectos de estudiar con mayor profundidad las diferencias culturales, se han elaborado algunos marcos teóricos de análisis como el de Kluckhohn – Strodtbeck y el de Hofstede.

El primero identifica seis dimensiones culturales básicas:

– La relación con el ambiente (dominación, armonía o subyugación),
– La orientación en el tiempo (pasado, presente o futuro),
– La naturaleza de la gente (buena, mixta o mala),
– La orientación a la actividad (ser, controlar, hacer),
– En enfoque de responsabilidad (individualista, de grupo o jerárquica) y
– El concepto de espacio (privado, mixto o público).

Fuente: Apuntes de la materia Psicología del trabajo de la facultad de contaduría y administración, UNAM

Publicado en Psicología del trabajo

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