Teoría de la personalidad desde el enfoque social (fromiano)

Las teorías ego-sociales tienden a subrayar el papel de los factores socioculturales en el desarrollo de la personalidad y especialmente, en la maduración del ego, asimismo, hacen hincapié en la influencia penetrante de las fuerzas socioculturales.

Los teóricos que ahora consideramos intentaron restaurar el equilibrio al tomar en cuenta el papel apropiado del ego en la maduración y las funciones de la personalidad. También le han asignado un paso mayor a los factores socioculturales en la formación de la personalidad.

Las influencias culturales pueden ser tan poderosas como los impulsos biológicos básicos y, de hecho, pueden alterar la manera en que son expresados y satisfechos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, muchos jóvenes soldados japoneses estaban dispuestos a suicidarse estrellando sus aviones cargados de bombas contra los barcos de guerra estadounidenses, como expresión de lealtad a su emperador.

No era poco común para el japonés suicidarse por haber desprestigiado a su familia tampoco. Esos actos son ajenos a nuestra mentalidad occidental y parecen violar el principio todopoderoso de la supervivencia. Estos son fenómenos culturales difíciles de explicar en términos freudianos y jungianos.

Freud veía al ego como simple sirviente de los impulsos inconscientes básicos. Incluso la racionalidad se utiliza para servir impulsos básicos, como se ejemplifica con la racionalización y los otros mecanismos de defensa.

Freud y Jung veían a las fuerzas de los impulsos como si salieran de adentro de la personalidad y no de los estímulos o situaciones ambientales.

Los criterios de Freud mantienen una posición tan prominente que la mayoría de los teóricos en este texto pueden entenderse en función de apoyar o reaccionar contra uno u otro aspecto de su teoría.

Eric Erikson aceptó muchos de los puntos de vista de Freud sobre el desarrollo de la personalidad, pero pensaba que Freud no había ido muy lejos por haberse concentrado en los primeros años.

Al ego se le necesitaba dar una mayor influencia en el desarrollo de la personalidad, así como a los determinantes sociales y culturales.

Erikson propuso el criterio del desarrollo de la personalidad que consistía principalmente en la maduración del ego conforme la persona enfrenta las principales tareas de la vida.

Estas tareas son el resultado de cambios personales y sociales: por tanto, Erikson habla de las etapas psicosociales del desarrollo.

Los problemas del ego cambian con los diversos períodos de la vida de una persona, por consiguiente, a diferencia del punto de vista de Freud de que la personalidad se forma temprano en la vida, Erikson sostiene que la personalidad, y principalmente el ego, sufren una especie de crisis a lo largo de toda la vida.

El éxito o el fracaso del ego al enfrentarse con las principales tareas de la vida tienen profundos efectos en las fuerzas del ego y en toda la orientación a la vida que tenga la persona.

Alfred Adler también subraya el papel del ego en la formación del estilo de vida. Sostiene que somos capaces de autodirigirnos y obtener algún control de nuestros propios destinos.

Afirma que los seres humanos sólo pueden funcionar completamente en ambientes sociales, como la familia, la comunidad y los esfuerzos en equipo. El interés social nos previene de volvernos neuróticos.

Las preocupaciones sociales hacen posible la vida comunitaria y reducen las consecuencias nocivas del egoísmo y el individualismo. Adler cree que los sentimientos sociales se derivan de nuestras características inherentes y no son el producto de la sublimación, como Freud afirmaba.

Karen Horney también resaltaba el papel del ego o el yo. Ve la anormalidad principalmente como la pérdida de contacto con el yo real y la formación de una versión idealizada del yo.

Su objetivo era restituir el yo real dinámico como la fuerza directriz en la vida de la persona enajenada. Para Horney, algunos de los problemas principales de la vida son los conflictos que involucran a otras personas. Ve las necesidades sociales y las circunstancias ambientales como críticas en la formación y funcionamiento de la personalidad.

Nacemos en una cultura preformada, a la cual debemos adaptarnos. Todos somos afectados por las demandas contradictorias de nuestra cultura y debemos encontrar de algún modo una expresión individual dentro de las sanciones culturales.

Horney sostiene que nuestros problemas y conflictos principales no son creados por nuestra propia naturaleza, sino mas bien por las demandas conflictivas de nuestra cultura.

Fuente: Apuntes de la materia Psicología del trabajo de la facultad de contaduría y administración, UNAM

Publicado en Psicología del trabajo

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