La ciencia y el método

Etimológicamente, la palabra método proviene del latín y éste del griego, significando camino o procedimiento hacia algo. En la actualidad, método tiene dos campos semánticos interactivos entre ellos:

Gnoseológico, epistemológico o científico: hallar la verdad o la estrategia de desentrañar, descubrir y explicar la realidad, con un marcado fin heurístico y reflexivo.

Didáctico: enseñar la verdad o exponer y contar el conocimiento adquirido sobre el mundo (o una parte de él), con el fin de comunicarlo y hacerlo extensivo a la comunidad.

Derivado de lo anterior, consideramos las siguientes características que definen inequívocamente al método:

– El método está dirigido a fin; de ahí que tenga un sentido teleológico.

– El método guarda un orden, entendido como línea directiva, una lógica o una estructura.

– El método suele usar multiplicidad de elementos, atendiendo a los mentales (razonamientos) y a los materiales (soportes).

– El método, según Descartes, es una conducta mental previa -a nivel global- a la toma de decisiones que requiere: economía de esfuerzos, concentración, mediatización y eficacia.

Puesto que, por definición, el thelos del método es la verdad, es inevitable tratar tal concepto. No se puede hablar de método en una verdad revelada por Dios, puesto que es Él quien elige y no nosotros (siempre y cuando consideremos semejante posibilidad, ya que los supuestos métodos divinos no nos son accesibles); por lo que el significado de verdad en método está más enraizado en el conocimiento humano que con consideraciones religiosas.

Por otra parte, el vocablo método atañe tanto a la representación mental de un proceder como al proceder mismo. Al conjunto ordenado de representaciones mentales sobre un o unos procedimientos se le puede llamar metodología, mientras que el resultado de emplear la metodología es una aplicación. Se entiende que, empleando un método, se obtienen aplicaciones similares si no iguales.

No siempre ocurre que la aplicación metodológica obtenga los resultados apetecibles, sin embargo se posibilita que, como tiene orden y lógica interna, se puedan detectar los errores del proceso o resultado obtenido.

Dicho de otra manera, si no se procediera con una progresión lógica disponiendo los elementos de cierto modo, no sabríamos con certeza si los resultados obtenidos procedían de nuestra aplicación o del azar. De esta manera, se pueden replicar y verificar (o falsar) resultados científicos, por ejemplo. Tal es así que vamos escogiendo los métodos más útiles y adecuados, mientras despreciamos los que menos efectividad van teniendo (en teoría).

El porqué de usar métodos es una cuestión epistemológica que afecta a la efectividad futurible de nuestras acciones más reflexionadas. No sólo se busca la verdad, sino que esa verdad sea reproducible, comunicable, accesible y repetible como un resultado óptimo para las personas.

Por último, no existe un método único para todas las cosas. Cada aplicación -fuera una obra de arte o un experimento científico- puede necesitar de procedimientos distintos y de naturaleza, asimismo, diferente.

Las mismas ciencias aplican métodos diversos para sus objetivos, razonando y argumentando -eso sí- por qué utilizan esta vía o aquel otro camino. De ahí que, tanto aciertos como errores, puedan revisarse y mejorarse a la luz de las descripciones de los métodos usados.

Fuente: Teoría del conocimiento de la facultad de contaduría y administración, UNAM.

Publicado en Teoría del conocimiento

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